resencia de iconismos, que son signos, que
representan símbolos, que reducen el relato de la
composición a determinadas evidencias, que no son
descriptivas, sino que están inmersas en un discurso en el
que destaca la fortaleza de la movilidad de los elementos que integran
la obra.
No hay hieratismo, la autora no busca estructurar, sino mostrar la
fuerza del primitivismo, incluso en una sociedad
contemporánea tecnológica en la que hay espacio
suficiente para el desarrollo de las emociones.
Expresa, a través de sensibilidades diversas, manteniendo
actitudes próximas al fomento de las circunstancias, el
fortalecimiento de los sentimientos, en el que lo fundamental es la
presencia de elementos signales que se adscriben a determinadas
actitudes.
No hay cinismo en su forma de presentar la obra, sino el mantenimiento
de una cierta actitud irónica, en la que se apoya su
visión de la vida, que se escurre a través de los
poros de la piel de quienes aman y son amados.
También intenta superar la incomunicación,
fomentando el cruce de miradas, la superación de barreras
que parecen, a simple vista, imposibles de vencer, pero que, en
realidad, surgen de la fortaleza de la propia idiosincrasia.
Iconismos, que son como las letras del abecedario de la existencia, que
se expresan con convicción, silueteando la
reformulación de las visiones, para adentrarse a otras
maneras de contemplar la vida.