Revista Exo


Los culpables, Juan Villoro

L

os culpables, es el más reciente trabajo del escritor Juan Villoro. A pesar de estar compuesto por siete relatos diferentes donde los protagonistas narran sus historias de manera casi inconsciente, Villoro unió a todos sus personajes al dotarlos de ideas, sentimientos y experiencias similares. Así encontramos que sentimientos como la culpa y prácticas como la infidelidad aparecen como constantes a lo largo de los siete relatos de Los culpables. Dichas temáticas son especialmente evidentes en los cuentos: “Mariachi”, “Patrón de espera”, “Los culpables” y “El crepúsculo maya”. De la misma manera, estos cuatro relatos nos permiten realizar un análisis psicológico de ambos discursos, ya que el propio Villoro hizo que los protagonistas relataran sus historias como quien busca la ayuda de Freud.  Al mismo tiempo, la obra de Villoro también se presta para reflexionar y ver de cerca a la sociedad mexicana.

Juan Villoro decidió que todos sus personajes debían ser, de una u otra manera, culpables. La culpa, como lo plantea Villoro, es polifacética y multifuncional. La primera de estas características es, precisamente, lo que la convierte un sentimiento común a muchas personas. Por ello, Villoro consigue demostrar que es muy fácil encontrar culpables. Un cantante de música ranchera frustrado es culpable por no hacer lo que gusta. La culpabilidad también se haya en el hombre que, aun contra la dificultad que representa una máquina de escribir sin eñes, logra crear un guión tras aceptar sus errores o  en la iguana que ha decidido mordisquear los frenos de un carro sin pensar en las terribles consecuencias de sus actos.

Villoro nos muestra que la culpa es multifuncional. Así, para algunos, la culpa puede convertirse en un motor creativo: “Pero yo no podía armar la historia, como si todas las palabras llevaran la eñe que se atascaba en mi teclado. Entonces Jorge habló como nuestro padre lo había hecho en la misma mesa: nos falta sentirnos culpables” (2007, 48).  De la misma manera, en “El crepúsculo maya”, la culpa funge como un recurso para escapar de los remordimientos propios. En otras palabras, es más fácil encontrar culpables que admitir que somos uno de ellos. Es más fácil concluir que “[la] culpa fue de la iguana” (2007, 53) que aceptar que un conjunto de decisiones mal tomadas han arrojado un resultado catastrófico.       

Al igual que la culpa, la infidelidad es también una constante a lo largo de la obra de Villoro. Sin embargo, es claro que no se trata de una infidelidad cualquiera. La infidelidad que el escritor nos muestra es una infidelidad mexicanizada. Los personajes de Villoro no engañan por placer como probablemente lo harían si vivieran en París o Nueva York. Los protagonistas de los diferentes relatos de Los Culpables no ven la relación sexual como un acto cuyo objetivo principal es el placer. Para ellos, la infidelidad sirve como un instrumento de venganza, un ajuste de cuentas o, inclusive, un reproche. De esta manera, cuando el protagonista de “El silbido” encuentra a su mujer en con otro hombre entiende que más que una búsqueda de placer, se trata de una manera muy peculiar de demostrar su descontento: “Los encontré en mi propia cama. No fue la clásica situación en la que el marido regresa antes de tiempo […]. Fue su manera de decirme que no quería ir a Mexicali” (Villoro, 2007, 34).

Algo similar ocurre con el protagonista de “Patrón de espera” quien nos narra que la última llamada que recibió en tierra fue de Clara, su esposa: “Luego comentó que los Rendón la habían invitado a Valle de Bravo. Si mi vuelo no llegaba a tiempo, ella iría por su cuenta.” (Villoro, 2007, 23-24). Al final del relato, el protagonista descubre o, mejor dicho, sospecha su esposa ha estado saliendo con Elías, un viejo enamorado. Nuevamente, la infidelidad se presenta como un instrumento de reproche. Si se presta atención a la frase, es fácil deducir que ella ha decido irse si su marido no llegaba a tiempo, ya que, posiblemente, está cansada de tantas escalas y retrasos. Su relación con Elías se convierte en una forma de quejarse, de revelarse contra la rutina de su marido en la que ella ha perdido importancia.

La importancia que Villoro ha dado a discursos como la culpa y la infidelidad es consecuencia de que estos se encuentran muy enraizados en la idiosincrasia del mexicano. Podría debatirse hasta que punto la falta de desarrollo y el conformismo del mexicano están relacionados con algún sentimiento de culpa: estamos así porque lo merecemos como en el caso del mariachi frustrado; tal vez no conseguimos encontrar una solución a nuestra situación porque, al igual que los hermanos guionistas, no nos sentimos culpables o, simplemente, no vamos a cambiar nada porque “[la] culpa fue de la iguana.”(Villoro, 2007, 53). De la misma manera, Villoro retrata de una forma sencilla y divertida esa idea del mexicano de atacar antes de que me ataquen o de ver el acto sexual como un tipo de venganza.

Villoro se propuso escribir un libro sencillo, donde los personajes se sintieran libres y narraran sus historias como si estuvieran en una sesión terapéutica. Algunos podrían argumentar que el libro tiene defectos o que el estilo del autor no es el mejor; sin embargo, Villoro logró plasmar en sus relatos personajes representativos de la sociedad mexicana y, más importante aún, consiguió que éstos se desnudaran ante el lector. Villoro quería escribir un libro cómico e inteligente que pusiera a reflexionar al lector.
 

Bibliografía

Villoro, Juan (2007). Los culpables. México: Editorial Almadía.


Marisol Soltero Soto
Estudiante de Relaciones Internacionales
Instituto Tecnológico de Monterrey, México