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Los
de Abajo
¿una
tragedia moderna?
a novela mexicana Los
de Abajo del escritor Mariano Azuela no puede ser tomada como
una tragedia,
o al menos no, en el sentido griego de la tragedia debido a que las
circunstancias
en que surge esta última son totalmente distintas a las de
la tragedia griega, como distinto
es
también el carácter de sus personajes y el
sentido artístico y cultural de la
obra. En su obra El Nacimiento de la Tragedia
el filósofo
alemán Friedrich Nietzsche escribió: “En
el mediodía de su civilización los griegos
inventaron la tragedia; la
inventaron, por un exceso de salud; sólo un organismo fuerte
y lúcido puede ver
de frente al sol cruel del destino”. La tragedia griega es pues
la máxima representación
artística de un pueblo –y no sólo en el
sentido literario, ya que la misma
ejercía su influencia en todos los aspectos de la vida
griega y de su arte–; la tragedia
griega nace en el cenit de
una civilización a la que podemos llamar excepcional y cuya
influencia se hace
sentir en todo el mundo después de miles de años.
En cambio, la novela
revolucionaria Los de Abajo nace en
la convulsión de un pueblo que apenas comienza como tal y
que aún hoy, no termina
de definirse, de integrarse, estando todavía lejos de
consolidarse y por lo
tanto, cuyo arte se encuentra inacabado. Se puede definir a Los de Abajo más como una
novela histórica
y anecdótica que, con un rigor cruel, retrata la guerra
intestina y los excesos
de ésta, y acaso alcanza a atisbar que los vencedores se
apoderarán del trono
para continuar ejerciendo el poder con los mismos vicios que fueron los
causantes
de la guerra en la que vencieron.
Igualmente debemos
observar que en la tragedia griega el protagonista es un ser
excepcional, por
virtud propia, por riqueza de ser o por estirpe, que se ve arrastrado
por el
destino hacia su muerte o hacia su locura. Pero la heroicidad de este
ser
excepcional se denota en la forma en que afronta su destino, logrando
no una
victoria sobre lo inexorable, sino sobre sí mismo, de manera
tal que logra
trascender lo humano para acercarse más hacia lo divino. Mientras
tanto, en la citada novela de Mariano Azuela los personajes son seres
comunes,
víctimas de sus semejantes, ya que estos últimos,
por medio del poder que
tienen o del mando que ejercen, mantienen a los primeros en un estado
próximo a
la esclavitud; y sus reivindicaciones y su lucha son más
humanas que divinas,
más racionales: igualdad, tierra, libertad, etc. Y
aquí cabría mencionar que
muchos de estos conceptos, con su sentido actual, les
resultarían totalmente
ajenos y extraños a los griegos ya que, aunque podemos
encontrar los orígenes
de dichos conceptos en los griegos, es indudable que estos
últimos eran
totalmente ajenos a los significados actuales de dichos conceptos.
Así por
ejemplo, un hombre libre para los griegos no podía ser igual
a un esclavo, y la
esclavitud misma no era mala en sí, sino uno de los
fundamentos del mundo
griego. O también por ejemplo la democracia griega,
fundamento de la democracia
actual, era una democracia totalmente distinta ya que sólo
los hombres libres
participaban de la misma.
Es indudable que día a
día, en la lengua española, así
como en casi todas, los conceptos de las palabras van
limitándose cada vez más
por lo que llegan a confundirse términos que no siendo
sinónimos, se toman como
tales; así en su libro Ensueños,
el
escritor Hermann Hesse hace una referencia a la palabra
trágico: “El accidente
de un ciclista lesionado, de
un niño achicharrado, de un buen señor que cae de
la escalera cogiendo cerezas
es designado con el profanado nombre de trágico
(…) si le digo que incluso una
gallina atropellada le da motivo para emplear esa sagrada
palabra”, el
personaje, Johannes, hace referencia al vicio de los periodistas de
llamar
trágico a un suceso lamentable
como
si fuesen sinónimos.
El escritor Carlos Fuentes hizo una
comparación de la
novela Los de Abajo con la tragedia
griega y llegaría a llamarla La Ilíada Descalza; habría que recordar sin
embargo, que para los griegos La
Ilíada
no era sólo un libro, sino un fundamento de su
civilización que influía en
todas sus artes y quehaceres cotidianos, texto obligado para cualquier
griego,
omnipresente en su cultura. Tal vez se pueda hacer una
comparación de La Ilíada,
no sólo con Los de Abajo,
sino
prácticamente con cualquier novela actual, ya que la influencia de los griegos y la
civilización de occidente
se ha extendido al planeta entero, como dice Octavio Paz en su libro La
Llama Doble: “En América arrasó
a las culturas nativas;
nosotros, los americanos somos una dimensión
excéntrica de Occidente. Somos su
prolongación y su réplica. Lo mismo puede decirse
de otros pueblos de Oceanía y
África.” Por lo que es indudable que
existe una reminiscencia de los
griegos en prácticamente toda la cultura actual,
así vemos por ejemplo, La Minerva
en Guadalajara o
su Teatro Degollado, al que podemos comparar con la
Acrópolis de Atenas pero
indiscutiblemente, éste no ocupa el lugar ni el momento
histórico de la Acrópolis
para los
griegos. En conclusión, la tragedia griega ocupó
un lugar y un tiempo
determinado para un pueblo que extendió su influencia a todo
el mundo a través
de los milenios, y la novela revolucionaria mexicana tiene sin duda su
propio
lugar y su propio momento en la historia reciente de México,
y su relevancia
dependerá de las decisiones que tomemos.
Bibliografía:
Nietzsche, Friedrich (2001). El
Nacimiento de la Tragedia. Traducción de Andrés
Sánchez Pascual, España,
Alianza Editorial.
Hess, Hermann (2001). Ensueños.
Traducción de
Alberto Álvarez, México, Editores Mexicanos
Unidos.
Fuentes, Carlos (1983, Julio). La
Ilíada Descalza.
México, Letras Libres.
Paz, Octavio (1999). La Llama
Doble.
México, Biblioteca Breve.
Esmeralda
García de Alba
Estudiante
de Relaciones Internacionales
Instituto Tecnológico de Monterrey, México
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