|
|
Escritura
para principiantes
a lectura es la actividad
máxima para poner al intelecto humano a trabajar. Hay
diversos temas y estilos
de lectura. Ciencia ó Ficción, ó
Ciencia Ficción. Hay Poesía y hay
Filosofía, y
una serie de variedades infinitas para las necesidades y los gustos de
todo
tipo de mente. Es menester saber que para poder escribir, antes hay que
leer,
leer mucho. Lo mismo pasa si queremos pensar claramente y hablar con
elocuencia. De nada sirve una buena idea si es descrita por un
tartamudo. De
nada sirve tener intenciones de enseñanza si en nuestra obra
o lección, o en la
propedéutica directiva para con los alumnos, -me refiero a
los maestros de
universidad- inyectamos, por ejemplo, faltas de ortografía o
una mediocre
noción de la gramática o la sintaxis.
Las palabras tienen un valor y
son piezas, son entes. Pero las palabras aisladas son como ladrillos
sin
albañil que los ponga uno sobre el otro. Las palabras no
deben ser analizadas
como cosas fuera de un sistema, -decía Frege- sino
estudiadas dentro de la
proposición a la que pertenecen. Por ejemplo: no comunica lo
mismo la oración
"la cara está roja de tanto trabajar" a "la cara
está roja de
tanto navajazo". La palabra "rojo" remite a un color.
¿Qué es el
color rojo? suponiendo que es algo, ¿Donde está
el color rojo? y ese lugar de
ubicación del color rojo ¿Es rojo el lugar "en
sí", o el rojo llegó a
ese lugar y lo enrojeció?
El color rojo
no llegó a la cara del tipo mencionado arriba, fue creado a
base de trabajo o a
base de navajazos.
Otro fenómeno interesante es
la "reacción" que causan las oraciones y la misma palabra
rojo. Seguramente
mis lectores, al leer que la cara del sujeto está roja por
trabajar como burro,
sintieron un aprecio a tan loable actividad (y risa por la palabra
"burro"). Y estoy seguro que cuando leyeron que la cara estaba roja
de tanto navajazo, sintieron repulsa y una especie de terror. Si
hubiera dicho
que la cara del sujeto estaba azul de tanto navajazo, todos
empezarían a pensar
en el fenómeno de una manera distinta.
Dejando el ejemplo anterior,
prosigamos con nuestro tema: La Escritura. Escribir no es tener una
idea y
simplemente plasmarla con palabras. Por ejemplo: tengo la idea de "un
árbol que vive en el patio de una casa en Italia". Si no
leemos, si no
tenemos referencias bibliográficas y cierto estilo, no
escribimos nada, solo
"transcribimos" lo que un niño también
podría escribir. ¿A quién le
importa leer si hay un árbol en el patio de una casa en
Italia? La Frase tiene
lógica, puede ser verdadera, falsa o sin sentido, y para
demostrarlo, primero
yo debería saber si Italia existe, si la casa existe, y si
esa casa tiene un
patio, y si hay un árbol en el susodicho patio.
Si mi lector está aprendiendo
a leer y tiene unos 4 años de edad, mi frase le
sería útil para la práctica de
la pronunciación, de la fonética; pero si mi
lector es un estudiante
universitario, mi idea es irrelevante. La diferencia es clara, y el que
crea
que abordo un tema poco interesante, miente, porque ya se encuentra
entrado en
mis oraciones. Leamos: El Árbol vive en un patio de una casa
de Italia. Escribir
así, de forma descriptiva, como historiadores, con la
máscara de la honestidad,
es inútil. Pero si digo: La especie de Árbol
llamada Abeto tiene la posibilidad
de vivir en el patio, al aire libre, de una casa en el país
donde el fascismo
tuvo lugar en el siglo pasado.
¡De inmediato se disparan en
nuestra mente las dudas, la curiosidad! ¿Cómo es
un abeto? ¿Porqué tiene las
posibilidades de vivir al aire libre? ¿Qué
condiciones se presentan en Italia
para que el abeto viva? ¿Qué es el fascismo?
¿Qué tiene que ver el fascismo con
el mentado abeto? Descubrimos que el escritor de la oración
era un poeta, y que
su lenguaje era tendencioso al barroco en sus obras más
importantes, y buscamos
leer sobre el siglo XVII y XVlll. Y ahí conocemos a Hume,
Berkeley y Locke. Y
la cadena se vuelve infinita.
No se logra abstraer la
información relevante de un texto hasta que no se tiene
cierta confianza con
las letras. Se logra confianza a base de tiempo -leer diario- y
congruencia
-leer buenos libros, como sugerían Pound o Schopenhauer-. No
tener confianza
con las letras es el equivalente a ser un animal no racional. Si lo que
escribimos
le importa un bledo a la gente ¿Para qué
escribir? ¡Podéis limitar vuestra
actividad a gemidos y gritos, es lo mismo que lo que el ignorante habla
y
escribe! ¡Debemos escribir para motivar, no para perder el
tiempo!
Eduardo
Zeind Palafox
México
|
|