Revista Exo





Los  partidos políticos y  la disperción del poder.

M

uchos ciudadanos  se quejan sobre el papel de los partidos políticos por considerar que únicamente buscan el poder, cosa que es casi obvia por la siguiente razón: Según Weber, un partido político se compone de un grupo de personas con intereses en común cuyo objetivo es precisamente, obtener el poder, así como los beneficios y el honor derivados del mismo.Por lo que sentir rechazo hacia estas instituciones debido a la meta que tienen de obtener el poder es absurdo, ya que, es su propósito primordial. Sin embargo, no pretendemos justificar con este argumento los hechos corruptos originados por las ambiciones desmedidas de estas organizaciones, pero queremos dejar claro que no es su búsqueda de poder lo que los ha etiquetado, sino el condenar a la ciudadanía a segundo grado, donde primero van los intereses partidarios y después los del pueblo.

Tener una organización política es una necesidad nata de las sociedades, ya que es preciso que exista una elite que regule a los integrantes de la comunidad para mantener la armonía y la seguridad. Debido a la explosión demográfica, sería imposible que todas las personas se reunieran a discutir los asuntos de Estado  y a manifestar sus intereses (como se hacía en la antigua civilización griega) por lo que los partidos se vuelven una herramienta útil para lograr estos propósitos. Un partido político implica la participación por parte de los ciudadanos y por supuesto, el pluralismo, ya que su función es representar el pensamiento de cada una de las personas que conviven en  la sociedad para así, lograr una óptima forma de organización. Además es necesaria una constante confrontación para alcanzar un acuerdo que beneficie a las diversas formas de pensamiento y que a su vez, dé a la democracia un significado real.

¿Qué es lo que hace a los partidos estructuras sociales fuertes? Maurice Duverger señala que parte de lo que los convierte en estructuras poderosas es el número de seguidores que tienen, puesto que no existirían si no hubiera apoyo por parte de un gran número de personas que concuerdan con la ideología y visión del partido. No obstante, también es necesario tomar en cuenta como motores de una fracción partidaria sus facultades para unirse con otros partidos para alcanzar objetivos, es decir, hacer alianzas. Así como la población dentro del partido (militantes, diputados, senadores, etcétera) que juegan un papel vital al fortalecer a la institución gubernamental.

Funciones de los partidos

Por otra parte, los partidos políticos cumplen funciones específicas dentro de la sociedad, siendo un medio a partir del cual los grupos sociales se han introducido dentro del sistema político, en el cual encuentran representatividad y tienen, hasta cierto punto, voz en sus demandas y en lo que claman para su bienestar, dando pie a otra de sus funciones más característica; transmiten lo que se llama “la demanda política de la sociedad” (lograr que en el nivel de decisiones sean tomadas en cuenta las necesidades y exigencias de la sociedad: plataformas), los partidos articulan demandas de la sociedad, o de los grupos sociales. Esta función es cumplida en gran parte a través del proceso eleccionario. 

Por una parte los candidatos o postulantes deben percibir los problemas de sus votantes, debido a lo cual las campañas se orientan preferentemente a ese fin. Por otra parte, el otorgamiento de preferencias del electorado a los partidos les indica a éstos la cercanía entre sus ideas y programas con los problemas que los electores aspiran a que sean resueltos en el sistema político.
Otra de sus funciones es la participación que tienen dentro del proceso político: organización de las elecciones, nombramiento del personal político, competencia electoral, y en sí una intervención tal en dicho proceso, que ellos mismos lo conforman y es por ellos que se lleva a cabo.

Integración, movilización y participación social es otra de las funciones que los partidos políticos deben desempeñar ya que la  movilización y socialización son funciones que precisamente pertenecen al centro de los componentes electorales. Esto vale tanto para una orientación de consolidación de valores (como en una democracia funcional), como orientada hacia un cambio de ellos (como en los procesos de reformas o de revolución), los partidos políticos cuentan con la tarea de motivar al electorado en general a ser parte del proceso de selección de sus representantes, a demandar sus derechos como ciudadanos y clamar por un ejercicio democrático justo y que vaya de acuerdo al contexto en el cual se viven.
Reclutamiento del personal político es otro trabajo que deben cumplir: la selección del personal dirigente tiende a ser cada vez más una labor muy especializada y burocrática. Incluso en países con sistemas de servicio civil desarrollados, son los partidos los que proveen de personal para los cargos superiores al gobierno y de la administración.

Así pues, los partidos políticos se han constituido como estructuras complejas en las cuales radica un aspecto sumamente importante para la ciudadanía en general: la representatividad. Viendo a los partidos  desde la perspectiva actual, representan formas y propuestas de conducción de un territorio y su gobierno, distintas unas de las otras, y que dan el privilegio de la libertad de elección por la que más nos convenza. Los partidos políticos, a lo largo de su proceso de evolución, han cambiado y se han delimitado cada vez más, marcando sus tendencias más claramente e imponiendo sus posturas de forma más explícita, de manera que cada individuo puede identificarse con la que más le convenga y con la que más cobertura dé a sus necesidades.

Desviaciones de la democracia: el asunto de la partidocracia

Aun cuando la misión de los partidos es, en teoría, preservar la democracia, la realidad es que no siempre se cumple, ya que el pueblo debe enfrentarse al asunto de la “partidocracia”, misma que a pesar de las afirmaciones que aseguran que llegó a su fin, sigue dándole a la opinión pública de que quejarse.

Cuando hablamos de partidocracia nos referimos al fenómeno que sucede cuando las organizaciones partidarias hacen uso del poder de manera autoritaria  y de acuerdo a sus propios intereses, por lo que a consecuencia, el pueblo  queda relegado a segundo plano.

Este defecto de la democracia no sirve más que para alimentar un círculo vicioso que comienza desde los propios partidos políticos que se desvían de su labor y abusan del poder. Luego, pasan por la sociedad civil que a pesar de manifestar su descontento, no es atendida por su gobierno, así que el individuo se limita a su propia profesión y se deslinda de las cuestiones estatales por sentirse incapaz de propiciar cambios. Finalmente, tenemos en el tercer estadio de este proceso un gobierno que continúa siendo autónomo porque nadie puede pararlo.

En su artículo titulado “Diagnóstico y cura de la partidocracia”, Salvador García Bardón menciona 4 indicadores que pueden señalar este problema:

-La exclusividad de los partidos políticos para escoger los personajes que se postularan a una candidatura, de manera que elegirán una figura que no represente un peligro para sus intereses.

- Exigencia de fidelidad por parte del personaje electo. Los legisladores no pueden de ninguna manera discrepar con la ideología de la institución a la que pertenecen.

-Repartición de recursos gubernamentales entre miembros del partido. Quizás esta es una de las causas más fuertes de malestar entre la población ya que se entiende que esos recursos provienen de los impuestos que día tras día siguen a la alza.

-Transformación de las organizaciones sociales en asociaciones partidarias. Esto quiere decir que para formar una entidad civil es necesario apegarse a un partido para subsistir. Pensemos en la prensa, que debe tomar alguna tendencia porque si expresa una opinión contraria al gobierno puede dejar de recibir apoyos tanto monetarios como en especie, papel por ejemplo.

Cuando analizamos estos indicadores podemos llegar a la conclusión de que México es una de las naciones con este padecimiento, por lo que siempre sale a flote en la discusión de la partidocracia el recuerdo del antiguo sistema presidencialista, es decir, una especie de “absolutismo disfrazado” en el que bastaba que el presidente en turno estirara su dedo para que el país entero se parara de manos. Ciertamente que las cosas han mejorado, hoy por lo menos tenemos un instituto dedicado a proporcionarnos información, que aunque quizás debemos dejarle lugar a la posibilidad de que nos estén escondiendo uno que otro dato, nos permite conocer al menos la forma en la que se invierten nuestros impuestos, ya sea para bien o para revelar un robo que podemos denunciar.

La tan mencionada reforma electoral es otro intento por salvar a la democracia pero aun queda mucho por hacer. Se dice que de esta manera será posible evitar que lleguen recursos ilegales a las campañas de los partidos políticos, sin embargo son reformas incompletas que necesitan continuar mejorándose. Lo que sí quedó claro es que nuestro país no se enfrenta únicamente a la partidocracia sino que a continuación se presenta la “mediocracia” o el enorme poder que tienen los medios de comunicación, mismo que se hizo presente cuando los comunicadores más importantes del país se unen para luchar en contra de esta reforma e influencian la percepción que tenía la sociedad. Encuestas realizadas en ese momento demostraron que la mayor credibilidad estaba en poder de los comunicadores, dejando muy por debajo a la credibilidad de los legisladores. A continuación analizaremos más a fondo a este cuarto poder.

Mediocracia

Actualmente los medios de comunicación son los portavoces con mayor credibilidad en cuanto a política se refiere, llegando a crear en la audiencia ideas y conclusiones al respecto a partir de lo que éstos (los medios), presentan en sus espacios, más allá de lo que las personas puedan conocer por otras vías entorno a éste tópico, limitándose a lo que está más a su alcance, refiriéndonos a los medios masivos.

De esta forma es como a la audiencia va formándosele un pensamiento que  obedece a los intereses y preferencias de los dueños de los medios. Hablando específicamente de ámbitos políticos podemos observar este fenómeno sobre todo en épocas electorales o en crisis de representantes de gobierno. Tal como Manuel Castells (2001) menciona: “para actuar en las mentes y voluntades de la gente, las opciones políticas en conflicto, encarnadas en partidos y candidatos, utilizan los medios como vehículo fundamental de comunicación, influencia y persuasión…” , y es así como representan un recurso muy efectivo para poder crear una consciencia colectiva con respecto a una situación en especial.

Centrándonos en los partidos políticos, el uso que estos le dan a los medios de comunicación está centrado en la difusión de sus ideologías, de sus propuestas y de sus exhortaciones hacia la población en general para conseguir el voto, esto obviamente en temporada de campañas, en las cuales vemos spots de estas organizaciones en cada espacio comercial existente, en espectaculares, revistas y prensa, pero, ¿qué pasa cuando dicha época pasa y los partidos siguen teniendo presencia dentro de las industrias mediáticas? Nuestro país desgraciadamente se ha venido caracterizando, y más en últimos años, por una evidente desorganización dentro de sus estructuras políticas, corrupciones, desacuerdos y una serie de dimes y diretes que ocurren en cualquier lugar donde se desenvuelva el ejercicio político, que son materia de información y dichas situaciones ocupan espacios considerables en todos los medios de comunicación.

 Las críticas que se hacen con respecto a todos los acontecimientos que van dentro del orden de lo ya mencionado son muy amplias, y de la manera en que son hechas en muchos de los medios, aún existiendo ciertas tendencias e ideologías por parte de ellos, llegan a formar un idea determinada de estas organizaciones (los partidos) en la sociedad en general.

Uno de los puntos focales de nuestro análisis con respecto a los partidos políticos y su participación en los medios de comunicación, es el hecho de que emplean a las industrias mediáticas, de cualquier tipo, para hacerse notar dentro de la sociedad. Castells (2001; 349) expresa que sin una presencia activa en los medios de comunicación, las propuestas o candidatos no tienen la posibilidad de reunir un apoyo amplio, (esto en el caso de estar en tiempo de elecciones), y que la política de los medios no es toda la política, pero toda la política, así como sus integrantes, deben pasar por los medios para poder influir en la toma de decisiones. Por esto es interesante observar la cierta ambigüedad que los medios de comunicación tienen al respecto, ya que por una parte critican, señalan y juzgan a los partidos, sus riñas, y muchas de las veces a sus excentricidades, pero por otra parte les abren los espacios necesarios (la mayoría pagados, cabe mencionar), para manifestar todo aquello que los puede dar a conocer (su “esencia” principalmente) dentro de su contexto.

Los medios de comunicación, aludiendo a lo que se mencionaba anteriormente, se han encargado de transmitir todas las inconsistencias que han surgido dentro del gobierno, y en específico dentro de los partidos que lo conforman, logrando con esto una decaída considerable en cuanto a sus niveles de confiabilidad se refiere, un escepticismo creciente que parece que va abarcando cada vez más a la población, reflejándose esto en la disminución de participación electoral, y en la poca “esperanza” que gran parte de la sociedad  manifiesta tener en estas organizaciones. Muchos percibimos que los políticos son incapaces de resolver las problemáticas actuales, y por lo contrario, sucumben ante la corrupción y el robo del erario público, ¿y como sabemos todo esto? Gracias a la apertura por parte de los medios.

“La democracia moderna es imposible sin la información, es decir, sin la presencia del fenómeno mediático que acompaña a la sociedad de masas en la era de la globalización, pero no quiere decir que los medios, sobre todo la televisión, hayan sido desde siempre un elemento activo en la democratización de nuestra vida pública.”

En un principio, durante la época clásica, se hacía política a través de la discusión para después pasar a la oratoria, donde tener un discurso sumamente bien estructurado era parte vital de la política. En la actualidad, vivimos una etapa mediática en la que a través de brevísimos spots de 20 a 30 segundos y la repetición de los mismos, es posible dar a conocer a un candidato de determinado partido. Esto nos habla de los nuevos significados que ha adquirido la política a lo largo de la historia y de la apertura de nuevos espacios para aumentar la participación y la discusión de los asuntos públicos.

Si bien, el hecho de que se reconozca que los medios de comunicación son el espacio de la política no significa que herramientas de éstos, como la televisión, determinen completamente lo que la gente debe decidir, o que la capacidad de gastar dinero en la publicidad que se nos presenta y la manipulación de imágenes, sean una especie de regla que siempre funciona; pero definitivamente los medios de comunicación ejercen sobre las masas una enorme influencia para crear y destruir imágenes políticas . La radio, la prensa y la televisión son medios que producen y reproducen constantemente figuras y rostros, modelos de identificación y líderes carismáticos, por lo cual los políticos tienen en ellos el vehículo indispensable para alcanzar el pleno reconocimiento, pero también pueden encontrar la muerte política y social.

Ejemplos hay muchos: tenemos desde la creciente credibilidad y buena imagen que se le ha dado a Enrique Peña Nieto por el cumplimiento de sus propuestas, hasta el constante acuso mediático que ha puesto la posición política de Vicente Fox por los suelos. Esto nos obliga a tomar cartas en el asunto, pues siendo México una nación educada en gran medida por la televisión, no podemos permitir que continúen inyectándonos una forma de pensar. Es necesario confrontar la información para tratar de llegar a la verdad.Además este poder desmedido es causa , en gran medida, de la corrupción ejercida por los personajes políticos, de forma que se crean alianzas para asegurar una buena imagen. “Yo te pago, pero tu ponme guapo en la tele hasta que la gente vote por mí”Karl Popper hacía referencia a la necesidad de una democracia que regule al poder político, de manera que la televisión no se vuelva un designio divino incuestionable, en cambio, tienen que existir ciertas restricciones que aseguren límites a la televisión en cuanto a sus funciones se refiere, dicho de otra manera, se necesita algo que obligue a la objetividad en el contenido que se nos ofrece.

Lo que podemos hacer como sociedad civil es informarnos lo mejor posible, es decir, no quedarnos con lo que nos dice un solo medio. Está comprobado que la sociedad es un poder fuerte también, siendo el principal agente de cambio, debería detener esta “mediocracia” que no nos sirve de nada. Los medios no son solo el espacio de la política, son también el lugar en el que la gente se siente escuchada y recibe respuesta a sus demandas ciudadanas.  Así que es de vital importancia hacer uso de estos instrumentos de información de la mejor manera posible: es momento de que los medios sirvan para los objetivos del pueblo y no viceversa.

Conclusiones

La dispersión del poder es una enfermedad de la democracia que debemos detener. No es justo pensar en una organización política que decide el rumbo del país en base a sus deseos, puesto que quien los mantiene en su puesto es una sociedad  ávida de resultados y cansada de pagar impuestos que nadie sabe hacia dónde irán a parar.

México es una nación que está lista para la transparencia y el buen uso de los medios, es un país que anhela la tan mencionada democracia a niveles reales. Esto implica en gran medida partidos políticos más limpios y especializados, es decir , con una mejor preparación para ejercer el poder.

Ya no queremos partidos políticos que se dediquen a pelearse dentro de los mismos, sino que permitan que la democracia sea realmente efectiva. Esta es otra llamada ciudadana para que existan cambios en los grupos que habrán de representar nuestros intereses y que esperamos, no pase a formar parte del archivo de tantas y tantas demandas sin respuesta.

Bibliografía y Fuentes

Duverger, Maurice, Los partidos políticos, México, FCE, 1994,

Crespo, José Antonio, La crisis mundial de los partidos dominantes, Metapolítica, volumen 3, número 10, 1999, pp. 297-310

Martínez Corbalá, Gonzalo, Partidos políticos y ejercicio del poder(2007) La jornada, consultado el 30 de septiembre del 2007 en: http://www.jornada.unam.mx/2007/05/28/index.php?section=opinion&article=021a2pol

Sartori, Giovanni, Partidos y sistemas de partidos, Alianza, 2005

Biblioteca digital ITESM

Revista Nexos, disponible en www.nexos.com.mx

Bardón García, Salvador,  Diagnóstico y cura de la partidocracia, Blog periodista digital, consultado el 26 de octubre del 2007  en: http://blogs.periodistadigital.com/aeu.php/2005/11/26/diagnostico_y_cura_de_la_partidocracia   

CASTELLS, Manuel (2001) La era de la Información Vol. 2 México: Siglo XXI

Popper, Karl, La lección de este siglo, Temas grupo editorial, 1998, consultado el 31 de octubre del  2007 en http://biblioteca.itesm.mx/nav/contenidos_salta2.php?col_id=google_scholar

Sánchez Rebolledo, Adolfo, Medios y democracia, Revista etcétera, noviembre 2003, consultado el 2 de noviembre del 2007 en Biblioteca digital ITESM.

Anabel Casillas Ascencio
Jorge Alejandro Murillo Cortes
Estudiantes en Ciencias de la Comunicación
Instituto Tecnológico de Monterrey, México